Eco Ansiedad, ¿qué es y cómo evitarla?

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Durante los últimos años, somos cada vez más las personas que hemos decidido unirnos al movimiento “eco” o “zero waste” en busca de un estilo de vida más sostenible y compasivo con el planeta. Aunque esto pueda resultar motivador y nos dé esperanza, no todo es color de rosa. El que diga que los ecologistas somos unos hippies felices que tenemos todo controlado está totalmente equivocado. Por un lado, tenemos las burlas e intolerancia de familiares, amigos y conocidos que nos tachan de intensos, extremistas y pesados. Ser la “oveja verde” de la familia no es fácil, y esto puede generarte eco ansiedad.

Por otro lado, el bombardeo de los medios de comunicación sobre catástrofes inminentes, políticos y empresarios que permanecen indiferentes y cumbres climáticas que terminan siendo una decepción. Normal que te entren ganas de llorar y te cuestiones: ¿Vale la pena? Yo también me lo he preguntado muchas veces.

Hay un refrán que me gusta mucho que dice  “Una sociedad madura cuando los viejos plantan árboles a la sombra de los cuales saben que no se sentarán nunca”. 

 

Me ayuda a recordar que este estilo de vida que he escogido va más allá de mi persona y mis necesidades. Es una lucha larga que apenas está comenzando y yo solo soy parte de las primeras semillas.

Una sociedad madura cuando los viejos plantan árboles a la sombra de los cuales saben que no se sentarán nunca

Así que, hoy te quiero decir que no estás solo, y que si estás leyendo estas palabras es porque probablemente también has experimentado los sentimientos de culpa, angustia, miedo, rabia, indignación y agotamiento que se producen al pensar en el panorama actual de nuestra tierra y en la indiferencia de la sociedad al respecto.

Esto es la Eco Ansiedad y tienes dos opciones:

1.     Quedarte en la frustración y rendirte

2.     Luchar

 Si eliges ser un valiente luchador sigue leyendo, porque te diré como seguir llevando un estilo de vida sostenible sin morir en el intento:

Si crees que sufres eco ansiedad, enfócate en lo positivo

Sí, suena a cliché, pero lo primero que tienes que hacer es dejar de mirar el vaso medio vacío y verlo medio lleno. Sé que ahora es difícil ver la vida de este modo con tantas predicciones desalentadoras sobre el futuro del planeta, pero intenta transformar todo ese miedo y frustración en motivación para seguir luchando y practicando el ecologismo. ¿Ves noticias malas? Busca noticias buenas, que también las hay todas las semanas: nuevos productos zero waste, nuevos descubrimientos científicos, nuevas organizaciones ayudando al medio ambiente, por darte algunos ejemplos.

Involúcrate

En lugar de quedarte paralizado en sentimientos confusos y negativos, haz que estos sirvan de “preámbulo para el despertar de una concienciación ecológica“, tal y como apunta Caroline Hickman, psicoterapeuta de la Climate Psychology Alliance. No tienes que ser Greta Thunnberg, puedes comenzar desde casa con pequeñas acciones: consume con responsabilidad, reduce el plástico, compra local, evita la moda rápida, recicla y reúsa, usa movilidad sostenible cada vez que puedas (caminar o bicicletas) o, incluso, cambia tu alimentación a plant-based o vegana.

 

No tienes que hacerlo todo, con que hagas o aportes en alguna de esas cosas ya es mucho. Lo importante es que esté comprometido con la causa. Como dijo Ghandi “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”

 

Si quieres ir un paso más allá, también puedes participar en diferentes tipos de activismo para exigir a los políticos y empresarios la protección de nuestros recursos. Sigue cuentas y asociaciones que te mantengan informado sobre cómo puedes colaborar y tomar acción. Eso ya sería la bomba.

Edúcate

 

Como seres humanos no somos perfectos y como ecologistas, menos aún. Siempre tenemos algo que aprender. Este es un estilo de vida en el que estamos en constante evolución, en un continuo “ensayo y error”. Por eso, es súper importante ser consciente de que la ignorancia es la fuente y causa principal de todos los males de la sociedad, pero ¿cómo la erradicamos? Con información.

Desde que comencé este camino, me he quedado atónita con la cantidad de cosas que hacemos a diario de forma automática y que tenemos normalizado y que, sin embargo, son horriblemente destructivas y nocivas para el planeta. Productos que, a simple vista, parecen inofensivos, pero que, si investigas un poco, descubres que pueden ser letales, ya sea por la forma en que son producidos o cómo son desechados ¿De verdad vamos así de ciegos por la vida? Por favor, mantente informado, no solo para quitarte la venda de los ojos, sino para saber qué otros medios o formas de consumo alternativas existen.

Leer libros de activistas reconocidos es una buena manera de comenzar con tu formación. Desde Usar y Reusar te recomendamos el libro “Residuo cero: Comienza a restar desde casa”. Una lectura amena y consejos sencillos para una vida sin residuos.

Se tolerante

 

Sé lo difícil que es lidiar con la indiferencia de las personas a tu alrededor cuando se trata de tomar acciones concretas para combatir el cambio climático. Escuchar respuestas como: “y a mí qué me importa si ni voy a estar vivo cuando eso pase”, “de qué sirve si ya es demasiado tarde”, “qué exagerada” …. Y tú intentando no explotar y queriendo gritar a los cuatro vientos: ¿es que a nadie le importa de verdad el lugar dónde vivimos? Y entonces, o te peleas con todo el mundo o sufres el eco-bullying. Y ninguna de las dos está bien porque pueden incrementar la sensación de eco ansiedad.

 

Este es el verdadero desafío. La prueba de fuego. Aquí no sirven ni el alarmismo ni la actitud pasiva. Siempre he sido partidaria en que todo en extremo es malo. Lo mejor que podemos hacer es respirar hondo y comprender que no todos piensan de la misma forma que tú, ni están igual de sensibilizados o, a lo mejor, ni siquiera están bien informados.

 

¿Qué hacer entonces? Intenta tener conversaciones honestas y sanas. Expresa tu punto de vista de una manera calmada y elocuente, siempre desde el amor y la tolerancia. Hay una línea muy delgada entre explicar algo apasionadamente y terminar siendo intimidante. No juzgues a aquellos que no están en el mismo nivel de activismo que tú, al contrario, intenta inspirarlos. Habla siempre con bases, eso es importante, estoy segura de que podrás contarles a tus conocidos cosas que no sabían y que cambiarán su perspectiva. No importa que no los convenzas al 100%, pero con que plantes la semillita ya es un gran paso.

 

Y a los haters, que siempre habrá, simplemente ignóralos. No vale la pena perder energía con aquellos que siguen empeñados en criticarlo todo aunque sea por una buena causa.

Ante la eco ansiedad, SE PACIENTE

 

Aquí tienes un doble trabajo porque tienes que aprender no solo a ser paciente con los demás, sino contigo mismo. Sobre todo, esto último. En la búsqueda de un estilo de vida sostenible vas a pasar por momentos de incertidumbre y te cuestionarás si lo estás haciendo bien, te sentirás culpable ante los errores y te impondrás demasiada presión, a veces, hasta te plantearás abandonar. Pero ¡B A S T A! Es normal no saberlo todo, es normal equivocarnos, tener dudas y no ser 100% zero waste. Sería genial que todos viviésemos como Capitan Fantastic, cosecháramos nuestros propios alimentos y produjéramos nuestra propia energía, pero ¡un poco de realismo, por favor! 

 

No hay ecologismo perfecto como dije antes, no te castigues si un día saliste sin tu botella de agua y te tocó comprar una de plástico. No te sientas mal si no eres vegano y Pepita sí, porque, a lo mejor, Pepita es vegana, pero consume más plástico que toda tu familia junta. Una causa no anula la otra. Todos aportamos en lo que podemos.

 

La vida sostenible no es una carrera, ni una competencia. No te compares con otros.

No sientas vergüenza de preguntar e intercambiar información sobre temas que no sabes. No te culpes si hay aspectos que no quieres cambiar. No te dejes llevar por los extremos de es “todo o nada”. Cada aporte por, pequeño que sea, cuenta para evitarte caer en la eco ansiedad.

 

En conclusión, no seas tan duro contigo mismo ni con los demás. No pierdas la esperanza aunque veas un futuro negro y la indiferencia a tu alrededor se sienta asfixiante. Sigue dando lo mejor de ti, cada día, en tu casa, en tu trabajo, en la calle. Celebra los pequeños triunfos, que cada vez son más. Apóyate en tu comunidad y no dejes de aprender.

 

Y cuando sientas que tus acciones son insignificantes recuerda “que el océano no es más que una multitud de gotas” (Cloud Atlas).

 

Por último, respecto a la excusa a la que suele recurrir la mayoría: “ya es demasiado tarde”, quiero cerrar con esta reflexión que leí en el Blog Animal de Isla de Mariana Matija:

 

“Miles de millones de otros seres también están respirando y siguen estando vivos, y sus vidas —y la mía— siguen siendo motivación más que suficiente para seguir haciendo lo que sea que pueda hacer, en el tiempo que sea que tenemos disponible”.

 

Así que, no, no es demasiado tarde. Mientras haya vida en este planeta, hay esperanza. Y mientras haya esperanza, estaremos los locos que lucharemos por ella.

Autora: Gaby Urdaneta. @gabiiurdaneta

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